Leer Iberoamérica Lee | Entrevista con José Castilho, coorganizador de las jornadas
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Entrevista con José Castilho, coorganizador de las jornadas

 

¿Cuéntanos algunas referencias de los planes de lectura. ¿Cómo empezaron?

En 2005, en el Año Iberoamericano de Lectura (Ilímita y Viveitura), todos los que militamos con el libro, la lectura, la literatura y las bibliotecas, nos sorprendimos con el gran y silencioso movimiento que muchos miles de personas e instituciones realizaban con el objetivo de formar nuevos lectores en la gran región Iberoamericana. Programas y acciones de todo orden, desde las que alcanzaban pequeños grupos de personas hasta las más amplias y de carácter nacional, enfocaban sus energías y colocaban el objetivo de formar lectores como la gran realización de sus vidas. Ese movimiento profundo, de raíz, cotidiano, fue reconocido por los gobiernos de aquel período que incentivaron la sistematización de ese movimiento virtuoso que venía, mayoritariamente, de la sociedad civil. Este esfuerzo de sistematizar lo que venía siendo realizado en pro de la lectura constituyó los Planes Nacionales de Lectura, que aquí en Brasil cobró forma en el Plan Nacional del Libro y Lectura – PNLL.

 

Y ¿cuáles son los objetivos de estos planes?

Los planes vinieron para publicitar, consolidar la idea de que es estratégico para cualquier país que se quiere independiente tener lectores cada vez mejor formados, capacitados en ejercer su derecho a la lectura, clave de todos los demás derechos humanos en la sociedad contemporánea. También buscaron reunir y depurar los conceptos que orientaban la formación de lectores, así como indicar las mejores prácticas que daban cuenta de la inmensa diversidad cultural de las poblaciones iberoamericanas. Fue un largo período de escucha, de atender y recompilar conceptos y prácticas.

 

Y ¿cuál es la importancia de los planes de lectura?

Si no fuera por otras innumerables razones, la importancia de los Planes Nacionales de Lectura evidencian lo que el Estado necesita realizar, junto con la Sociedad Civil, por la formación lectora: que se realice sistemáticamente, con perspectiva a largo plazo, construyendo marcos legales para la sostenibilidad política y financiera, todos los programas necesarios para constituir un país de lectores plenos, aptos para ejercer la ciudadanía en un mundo en que el dominio de la información y del conocimiento es requisito para vivir con dignidad y respeto.

 

Usted es uno de los coorganizadores del seminario «Leer Iberoamérica Lee”. ¿Cuál es su expectativa para este evento?

Tengo una gran expectativa. Desde las primeras conversaciones con el Laboratorio Emilia de Formación y la Feria del Libro de Madrid ya sentíamos que estábamos proponiendo una reconsideración vigorosa del debate iberoamericano sobre la necesidad estratégica de formar lectores en la región. Por varias circunstancias este debate se ha vuelto a dispersarse en los últimos años, interrumpiendo un flujo virtuoso y colaborativo de diversas personas e instituciones que han traído su colaboración teórica y sus experiencias desde los inicios de 2005, aún en la preparación del Año Iberoamericano de la Lectura. Hay que volver a reunir a la gran cantidad de voces diversas, las diferentes perspectivas de cada investigador y de líderes de la formación de innumerables movimientos pro lectores que tenemos en América Latina, en España y Portugal.

 

¿Cómo puede el seminario colaborar en los objetivos de la formación de lectores en la región de iberoamericana?

Aunar nuestras voces con el propósito de dirigirnos hacia una región que vive democráticamente su bibliodiversidad y que crea condiciones para que todos sus ciudadanos sepan utilizar el instrumento imprescindible para el siglo XXI: saber leer plenamente en la multiplicidad de los soportes tradicionales y virtuales que tienen en común la palabra escrita. En esta perspectiva el Seminario contribuirá para que los esfuerzos y los avances acumulados desde 2005 continúen dando frutos. Sabemos que ese camino es a largo plazo, pero sólo caminaremos hacia adelante si fomentamos nuestros debates, nos reinventarnos frente a los enemigos del conocimiento, la inclusión democrática y la autonomía de los pueblos.

 

 

 

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